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Abrí la puerta y te estabas bañando.
Los vidrios empañados, el ruido del agua
detrás de las cortinas,
las cosas esenciales instaladas
fuera de la razón.
Me llamaste, acercaste la cara
y nos besamos a través del plástico
transparente: fue un instante.
Las parejas y las revistas literarias
duran casi siempre dos números.
Sin embargo,de a poco,
le fuimos ganando terreno al río:
días interminables en los que el caos
tomaba tu forma para envolverme mejor.

Caminatas, impresiones, el menú del día,la dirección de un lugar, una postal de un amigo, cualquier cosa. Pensaba que no había forma de concebir un viaje sin unas cuantas palabras por escrito, como si escribir fuera una forma de no decir adiós. Viajar no sólo es ausentarse, es dejar prueba de dicha ausencia, del cambio que sufre aquél que se mueve de lugar.
Envidio a los paseantes porque todo su cuerpo se adapta a la eventualidad, porque las cosas que piensan vienen de un sitio que está muy lejos o que ellos mismos fabrican sospechosamente. Envidio a los errantes porque van por ahí con la sola responsabilidad de deambular porque la holgazanería no les pesa, porque su mudanza es constante, porque nunca permanecen, porque andan por el mundo conectando imágenes e historias invisibles para la mayoría, relatos que muy pocos lograrían escribir. Los envidio porque miran el mundo desde su catalejo y ordenan las manchas, mueven los nubarrones para dibujar figuras inexistentes, saltan minas si objetivo, hacen bizcos y pierden el tiempo...porque intentan decir sin palabras lo que sólo la palabra puede decir. Los envidio porque renuncian, porque son olvidados, porque son expulsados, porque se amparan en un devenir paralelo al del mundo o simplemente desisten de él y nunca usan anteojos.
- Oye Gato, tú que tanto has andado por las azoteas del cantón, ¿qué vieja te ha dolido más?
- Mi madre, me cuereaba.
- No, no vieja de respeto, vieja de jalón.
- Todas hieren parejo.
- Nomás que unas cicatrizan y otras no. Nos traen con el agua al cuello. México en una laguna y mi corazón echándose clavados. ¿Qué cosa será el amor?
Iba flotando por el universo, y te vi.
Allí donde no estés iré a buscarte.
Fue un encuentro poco corriente entre el amor y la ternura. En su camino no había duda, tenía nombre de flor, vivía rodeada de palabras, de adjetivos traídos por los pelos, verbos que crecían como la hierba, algunos se colaban de una forma oscura. Ella atravesó mi cascarón y se me coló con dulzura hasta mi corazón. En las historias de amor no hay siempre sólo amor, a veces, no hay ni un te quiero, y sin embargo, queremos.
Fue un encuentro poco frecuente, la conocí por azar en un parque delante de la plaza, no abultaba mucho, no era más grande que una paloma con sus pequeñas plumas. Allí estaba rodeada de palabras, de nombres comunes como el mío, Me dio un libro, luego otro, páginas que estallaron ante mis ojos.
No te mueras todavía, tienes tiempo, espera. No es tu hora, pequeña flor. Dame un poco más de ti. Dame un poco más de tu vida. Espera.
En las historias de amor no hay siempre sólo amor, a veces, no hay ni un te quiero. Y sin embargo, queremos
Dedicatoria:
A casi todos.
¿O a casi nadie?
Pero a ti.
Con las metáforas no se juega. El amor puede surgir de una sola metáfora.
Me encuentro contigo, me acuerdo de ti.
¿Quién eres?
Me matas, me das placer.
¿Cómo saber que esta ciudad estaba hecha para el amor?
¿Cómo saber que tu cuerpo estaba hecho para el mío?
Me gustas. Qué acontecimiento: me gustas.
Qué lentitud, de repente. Qué dulzura.
No lo puedes saber.
Me matas, me das placer.
Tengo tiempo.
Te lo ruego, devórame. Devórame hasta la fealdad.
¿Por qué no tú? ¿Por qué no tú en esta ciudad y esta noche tan parecida a las demás como para confundirla?
Te lo ruego.
Si hubiera aquí correo, te mandaba un telegrama con estas palabras: viajo porque preciso, coma, vuelvo porque te amo, punto.
Y ahora estábamos allí los dos, mirando boquiabiertos los tanques con los peces.
Comprendí que una sensación cálida, de contornos confusos, avanzaba hacia nosotros. Una señal suspendida entre nosotros como un vapor.
-¿Sabes? Lo he estado pensando -dijo. No había nadie, los únicos que podían oírnos eran los peces luna-. Creo que siempre te he querido.
Me quedé en silencio. Era como si de pronto todas las cosas me resultaran cercanas. Los edificios, la barandilla, mis manos.
La visión de las cosas que da el amor.
(...) -Cuando te despiertas por la mañana, ¿estás contento? ¿Estás contento durante el día? Y cuando te vas a la cama a dormir, ¿te encuentras bien?
(...) Cuando ves a un amigo venir hacia ti, ¿te alegras? ¿Te fastidia? Cuando ves un paisaje, ¿se te mete dentro, te impresiona? ¿Y la música? Intenta pensar en el extranjero. ¿Te gustaría ir? ¿Te excita la idea? ¿O te preocupa?
¿Esperas con alegría el día de mañana? ¿Lo que sucederá dentro de tres días? ¿Y el futuro? ¿Te excita? ¿Te entristece? ¿Y ahora? ¿Te van bien las cosas ahora? ¿Estás contento contigo mismo?
-Estas preguntas-sonrió mamá mirando a Yoshio a los ojos- son el checkpoint secreto de la vida que me enseñó el abuelo. (...) Nos lo enseñó cuando éramos niños. Nos dijo que se lo enseñáramos a nuestros hijos. Nos advirtió que, si no lo preservábamos y lo transmitíamos, su significado se perdería.
(..) -¿Cuando uno tiene problemas, debería hacerse estas preguntas y contestárselas el solo?-pregunté.
-Así es- asintió mamá-. Pero no hay que mentirse nunca. Uno puede responderse que está mal, que es un desastre, etcétera. Cada noche, antes de dormir, hay que cerrar los ojos y plantearse estas preguntas seriamente. El simple coraje de empezar a hacerlo empieza a construir un centro. Parece una religión, pero quizá necesitemos tener una.
Todas las formas de dependencia son iguales.
Viven, ni para bien ni para mal. Después, al final, uno se cansa de ellas. O se cansa o llega a un punto sin retorno. Una de las dos cosas.
Aun sabiendo que un día nos resultarían insoportables, las vemos volver como olas. Cambian de forma, lavan la playa, se expanden y se retiran, tranquilas, impetuosas.
Se repiten y después desaparecen.
Paisajes lejanos. La eterna playa de la vida que trae tensión y calma.
¿Qué son? ¿Qué miramos a través de ellas?
Antes que nada, pinto pintura. Y antes que nada, te escribo dura escritura. Quiero algo así como poder tomar con la mano la palabra. ¿La palabra es objeto? Y a los instantes sacarles el zumo de fruta. Tengo que destituirme para alcanzar el núcleo y la simiente de vida. El instante es simiente de vida.